Guturales como complemento del alma
La colaboración entre componentes de varios grupos
puede desembocar en cualquier puerto, ya que la volatilidad de la industria
musical es evidente y necesita reinventarse de alguna forma. Dependiendo del
género, este tipo de combinaciones de músicos, cuyo standing es más bien alto,
da pie a un apabullante número de álbumes. En esta ocasión hablamos de la unión
de dos referentes del progresivo: Mikael Åkerfeldt y Steven
Wilson, de Opeth y Porcupine
Tree respectivamente.
Aunque desde fuera las
letras de sus canciones puedan ser percibidas como conceptuales, la realidad es
totalmente opuesta. Opeth centra su lírica en experiencias vividas por los
integrantes del grupo a lo largo de sus vidas. Esto, ligado a la increíble capacidad
de Åkerfeldt por recrear momentos a través de las palabras, da pie a la
construcción de historias plagadas de paralelismos y metáforas, cuyas bases
suelen ser la soledad y el amor.
La obra magna que nace de
mano de ambos fue concebida como Blackwater Park,
que en este caso tomó la forma del quinto álbum de Opeth. La producción
y el toque especial de Wilson elevaron considerablemente las capacidades tanto
técnicas como musicales de la banda, algo evidente en la totalidad del disco
pero todavía más en canciones como Bleak y Harvest. Otras piezas, como The
Leper Affinity y The Funeral Protrait, nos muestran lo que significa la
banda como un todo, ya que la combinación de guturales y voces limpias junto a
las partes sinfónicas nos traslada directamente al lugar que los artistas
quieren llevarnos. El disco crea una amalgama de sentimientos encontrados
dentro del oyente, cuyo balance tiende más a la plena soledad en este caso, algo
que tras haber escuchado cientos de veces me sigue recorriendo por todo el
cuerpo.
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